El Plan Brasileño de Inteligencia Artificial y el crecimiento del sector global generan dudas sobre empleo, regulación y el futuro de las profesiones.
La inteligencia artificial dejó de ser un tema exclusivo de especialistas para convertirse en parte de la rutina de millones de brasileños. Según datos de OpenAI, Brasil es el tercer país que más utiliza ChatGPT en el mundo, superado únicamente por Estados Unidos e India. Una encuesta del Observatorio Fundación Itaú, realizada junto con Datafolha, mostró que 75% de la población ya percibe que la inteligencia artificial forma parte de su día a día. Ese dato resume el momento que atraviesa el país: la tecnología avanzó más rápido que la comprensión pública sobre sus alcances y sus riesgos.
Detrás de este fenómeno hay una apuesta estatal concreta. El Plan Brasileño de Inteligencia Artificial prevé 23 mil millones de reales en inversiones hasta 2028, con el objetivo declarado de transformar al país en una referencia global en el desarrollo de esta tecnología. La iniciativa abarca áreas tan diversas como la agricultura y la ciberseguridad, lo que refleja la ambición de aplicar la IA no solo en las grandes ciudades, sino también en sectores productivos tradicionales.
Qué busca el plan nacional de inteligencia artificial
El Plan Brasileño de Inteligencia Artificial 2024-2028 fue elaborado por el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología y presentado como una de las apuestas centrales del gobierno para posicionar al país en el mapa tecnológico mundial. La propuesta no se limita a financiar startups o centros de investigación, sino que también contempla la formación de profesionales capacitados para trabajar con estas herramientas, un punto que genera dudas entre trabajadores de sectores que podrían verse afectados por la automatización.
Las startups brasileñas ya lideran iniciativas que utilizan inteligencia artificial generativa para múltiples aplicaciones, desde la creación de contenido hasta la automatización de procesos empresariales. Este crecimiento acelerado también despierta preocupaciones sobre la privacidad de los datos. Tanto la Unión Europea como Brasil trabajan en regulaciones más estrictas para proteger a los usuarios frente a un uso indebido de su información personal, un debate que se intensifica a medida que las herramientas de IA se vuelven más accesibles para el público general.
En el plano económico, las proyecciones de mercado indican que el sector global de inteligencia artificial superará los 900 mil millones de dólares todavía en 2026. La Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo estima que esta cifra podría llegar a 4,8 billones de dólares para 2033. Estos números explican por qué gobiernos de todo el mundo, incluido el brasileño, buscan asegurar una posición competitiva antes de que el mercado termine de consolidarse en manos de unos pocos actores dominantes.
El impacto en el empleo y las nuevas competencias
Una de las preguntas más frecuentes entre los trabajadores brasileños es si la inteligencia artificial pondrá en riesgo sus puestos de trabajo. Según el Foro Económico Mundial, más del 40% de las habilidades demandadas actualmente en el mercado laboral deberán cambiar antes de que termine la década, impulsadas justamente por la automatización y el avance de la IA. Esto no significa necesariamente una pérdida masiva de empleos, sino una transformación profunda en el tipo de competencias que las empresas exigirán a sus equipos.
Al mismo tiempo, surgen funciones completamente nuevas relacionadas con la integración de estas herramientas, la gobernanza de los datos y el uso estratégico de la tecnología dentro de las organizaciones. El desafío, según los especialistas consultados, no es únicamente técnico, sino también organizacional y educativo, ya que exige una capacitación continua de la fuerza laboral para que pueda adaptarse a los nuevos requerimientos del mercado.
Otra tendencia que gana fuerza este año es la evolución de los asistentes digitales hacia agentes más autónomos, capaces de ejecutar tareas completas sin intervención constante de una persona. Esta evolución plantea nuevos interrogantes sobre la supervisión humana de los procesos automatizados y sobre los límites que deberían establecerse para su uso en sectores sensibles, como la salud o la administración pública.
Los riesgos que preocupan a especialistas y reguladores
El crecimiento acelerado del sector también generó señales de alerta entre analistas financieros. Algunos estudios apuntan a la existencia de prácticas de reinversión circular, en las cuales grandes proveedores de hardware financian startups de inteligencia artificial bajo la condición de que esos recursos se destinen a la compra o reserva de procesadores fabricados por ellos mismos. Esta dinámica genera dudas sobre la sostenibilidad real de algunas valorizaciones bursátiles ligadas al sector tecnológico.
La construcción acelerada de centros de procesamiento de datos también enfrenta resistencia regulatoria y municipal en distintas partes del mundo, debido al elevado consumo eléctrico, la demanda de recursos hídricos para el enfriamiento de los equipos y la ocupación de grandes espacios geográficos. A medida que los inversores institucionales comienzan a exigir métricas de rentabilidad real, en lugar de simples indicadores de crecimiento o de uso, el mercado empieza a virar hacia modelos más eficientes y menos costosos de operar.
Para el ciudadano común, estos debates pueden parecer lejanos, pero tienen consecuencias directas. La forma en que se regule la privacidad de los datos, la transparencia de los algoritmos y el impacto laboral de la automatización determinará buena parte de las condiciones de trabajo y de consumo digital en los próximos años. Brasil, al posicionarse como uno de los países más activos en el uso cotidiano de estas herramientas, se encuentra en una posición particular para influir en ese debate, tanto a nivel regional como internacional.
La inteligencia artificial ya no es una promesa futura, sino una infraestructura presente en la vida de millones de personas. El desafío para Brasil, y para la región en general, será equilibrar la ambición de convertirse en un polo tecnológico competitivo con la necesidad de proteger derechos básicos como la privacidad y la estabilidad laboral frente a una transformación que avanza a un ritmo cada vez más acelerado.
Fuentes:
Inteligência Artificial em 2026, Prepara
Avanços Tecnológicos em IA Generativa, BRA1
Jornal do Comércio

