El FMI elevó las proyecciones para la economía brasileña justo cuando el precio del cobre se desploma y presiona a los dos mayores productores del mundo.
La economía sudamericana atraviesa un momento de contrastes en este mes de julio. Mientras Chile y Perú enfrentan una caída relevante en el precio internacional del cobre, Brasil recibe una noticia que pocos esperaban: el Fondo Monetario Internacional revisó al alza sus proyecciones de crecimiento para el país, ubicándolo por encima de las propias estimaciones del gobierno brasileño. Este panorama mixto refleja la complejidad de una región que depende en gran medida de las materias primas y de las decisiones de política monetaria tomadas fuera de sus fronteras.
El caso del cobre es el que más preocupa. Durante la última semana de junio, el metal perdió cerca de 3,85% de su valor y llegó a cotizar en 13.066 dólares por tonelada en la Bolsa de Metales de Londres, según registros del mercado. Esa caída no es un dato menor para dos economías que dependen fuertemente de la exportación de minerales.
Qué explica la caída del cobre
El principal factor detrás del retroceso fue el fortalecimiento del dólar, que alcanzó máximos de 13 meses. Cuando la divisa estadounidense se aprecia, el cobre se encarece para los compradores internacionales, lo que reduce la demanda global y presiona los precios hacia abajo. A esto se suma un giro más restrictivo en la política de tasas de la Reserva Federal, que generó expectativas de mayores costos de financiamiento y llevó a los inversores a alejarse de los activos de riesgo, entre ellos los metales industriales.
La economista Emanoelle Santos, consultada por analistas del mercado, explicó que el comercio de metales base está actualmente dominado por las decisiones de la Reserva Federal, con muy pocas posiciones especulativas al alza. Es decir, el mercado del cobre no responde tanto a la oferta y la demanda física del metal, sino al comportamiento de los inversores financieros ante la política monetaria de Estados Unidos.
Para Chile y Perú, los dos principales productores mundiales, este escenario obliga a repensar estrategias. Ambos países han intensificado inversiones en eficiencia operativa y en la expansión de sus proyectos mineros, conscientes de que mantener el liderazgo global exige respuestas coordinadas frente a un mercado cada vez más volátil. La minería representa una porción significativa del PIB en ambas economías, por lo que cualquier variación prolongada en el precio del cobre repercute directamente en las cuentas públicas y en el empleo del sector.
Brasil, la excepción del semestre
En medio de este contexto regional desafiante, Brasil recibió una noticia inesperada. El Fondo Monetario Internacional elevó su proyección de crecimiento del PIB brasileño a 2,4% para 2026, un salto notable frente al 1,9% estimado en abril. Para 2027, el organismo también revisó al alza su pronóstico, llevándolo a 2,2%, por encima del 2% calculado anteriormente.
Estas cifras superan incluso las proyecciones del propio gobierno brasileño. El Ministerio de Hacienda prevé un crecimiento de 2,3% para este año, mientras que el Banco Central estima 2% y el boletín Focus, que reúne las expectativas del mercado financiero, proyecta 1,99%. El hecho de que el FMI se ubique por encima de todas estas referencias resulta significativo, ya que el organismo suele aplicar criterios conservadores en sus cálculos.
Sin embargo, el propio FMI advierte que la actividad económica brasileña debería desacelerarse el próximo año, lo que sugiere que el impulso actual podría no sostenerse en el mediano plazo. Aun así, el dato representa un respiro para un país que enfrenta un calendario electoral exigente y que necesita mostrar resultados económicos sólidos antes de octubre.
Una región con destinos distintos
Lo que ocurre este mes en Sudamérica ilustra cómo las economías de la región, pese a compartir fronteras y mercados comunes, pueden tomar rumbos opuestos según su matriz productiva. Los países exportadores de minerales quedan más expuestos a la volatilidad de los mercados internacionales de commodities, mientras que economías más diversificadas como la brasileña pueden encontrar caminos alternativos de crecimiento, incluso en contextos globales complicados.
Para los lectores que siguen de cerca la economía regional, la recomendación de los analistas es prestar atención a dos variables en las próximas semanas: la evolución del dólar frente a las decisiones de la Reserva Federal y el comportamiento del comercio exterior brasileño, especialmente en sectores como el agronegocio y la industria, que podrían sostener el crecimiento proyectado por el FMI.
El panorama económico sudamericano de este mes deja una lección clara: la integración regional no elimina las diferencias estructurales entre los países. Chile y Perú deberán ajustar sus estrategias mineras ante un mercado de metales cada vez más sensible a la política monetaria estadounidense, mientras Brasil intenta capitalizar un momento favorable sin perder de vista las señales de desaceleración que ya empiezan a aparecer en el horizonte de 2027.

