El gobierno paraguayo formalizó un reclamo diplomático después de que el mandatario brasileño calificara a Paraguay como responsable de iniciar el conflicto del siglo XIX
Una disputa diplomática entre Paraguay y Brasil volvió a poner sobre la mesa uno de los episodios más dolorosos de la historia sudamericana. Todo comenzó cuando el presidente brasileño, Luiz Inácio Lula da Silva, defendió un aumento del presupuesto de defensa de su país citando la Guerra de la Triple Alianza como ejemplo. Durante una visita a la fábrica de la empresa de defensa Avibras Aeroespacial, Lula sostuvo que a Brasil le gusta la paz, pero que no puede olvidarse de que, según sus palabras, Paraguay decidió invadir territorio brasileño en Corumbá y, al mismo tiempo, a Uruguay y Argentina. La frase generó un rechazo inmediato en Asunción, donde el conflicto sigue siendo un asunto de profunda sensibilidad histórica.
El Congreso paraguayo reaccionó primero
El Senado y la Cámara de Diputados de Paraguay fueron los primeros en responder. En una sesión extraordinaria, ambas cámaras aprobaron declaraciones para repudiar enérgicamente los dichos del mandatario brasileño, a quien acusaron de distorsionar hechos históricos de gran relevancia para el pueblo paraguayo. Los legisladores remarcaron que Paraguay es uno de los países más pacíficos de la región y exhortaron al Poder Ejecutivo a impulsar gestiones diplomáticas para lograr la restitución de los trofeos de guerra que Brasil conserva desde el siglo XIX.
El senador Eduardo Nakayama fue uno de los que más firmemente salió al cruce de las declaraciones. Según su lectura de los hechos, antes de que Paraguay iniciara la campaña del Alto Paraguay en Mato Grosso, el ejército imperial brasileño ya había invadido Uruguay en la localidad de Cerro Largo, lo que habría dado inicio a la guerra. Otros legisladores, como Gustavo Leite, cuestionaron en cambio la lentitud de la Cancillería paraguaya para reaccionar, comparándola con la rapidez con la que el país se pronunció en otras polémicas internacionales recientes.
El Poder Ejecutivo tomó el relevo días después. El vicepresidente Pedro Alliana, junto al canciller Rubén Ramírez Lezcano, recibió al embajador de Brasil en Asunción, José Antonio Marcondes, para entregarle en persona una nota oficial de protesta dirigida al ministro de Relaciones Exteriores brasileño, Mauro Vieira.
Qué pide exactamente Paraguay a Brasil
La nota diplomática no se limitó a rechazar las palabras de Lula. También incluyó un pedido concreto y de larga data: la devolución del Cañón Presidente López, del Cañón Cristiano y de otros trofeos tomados durante la contienda, además de copias de todos los documentos históricos sobre la guerra que permanecen en los archivos del Estado brasileño. El Cañón Cristiano tiene un valor simbólico particular, ya que fue fabricado en 1866 con el bronce de campanas que el propio pueblo paraguayo entregó para ayudar a defender el país durante el conflicto. Actualmente, la pieza se exhibe en el Museo Histórico Nacional de Río de Janeiro.
El vicepresidente Alliana calificó el episodio bélico como un capítulo vergonzoso y planteó que la devolución de los archivos y las reliquias sería un gesto de fraternidad capaz de ayudar a reparar ese pasado compartido entre ambas naciones. En la misma línea, el Gobierno paraguayo señaló que el objetivo no es escalar el conflicto diplomático, sino avanzar hacia un cierre definitivo de las heridas dejadas por la guerra, que se extendió entre 1864 y 1870 y devastó buena parte de la población paraguaya de la época.
El embajador brasileño, por su parte, intentó bajar la tensión y sostuvo que las declaraciones de Lula habrían sido sacadas de contexto por parte de la prensa y de algunos sectores políticos paraguayos. Aun así, en Cancillería de Brasil no hubo, hasta el momento, una respuesta oficial detallada a los reclamos formales presentados por Asunción.
Un reclamo que ya tiene varias décadas
Lo llamativo del episodio es que el pedido paraguayo no es nuevo. Desde hace años, distintos gobiernos de Asunción vienen reclamando la restitución de piezas y documentos históricos, en contraste con lo ocurrido con otros países que participaron del conflicto. A diferencia de Argentina y Uruguay, que en distintos momentos ensayaron gestos de reconciliación histórica hacia Paraguay, Brasil nunca devolvió los trofeos de guerra ni desclasificó de forma sistemática los archivos de la época.
El trasfondo de esta nueva polémica se dio, además, apenas un mes después de que Lula y el presidente paraguayo, Santiago Peña, se reunieran personalmente en la cumbre del Mercosur celebrada en la ciudad de Luque, en Paraguay, a fines de junio de 2026. La cercanía temporal entre ese encuentro y la controversia posterior alimentó el debate público sobre el verdadero estado de la relación bilateral entre ambos países.
Para varios analistas de la región, el episodio confirma que la memoria de la Guerra de la Triple Alianza continúa siendo un asunto delicado en la política exterior sudamericana, capaz de reactivarse ante cualquier declaración pública, incluso cuando no está directamente vinculada a la historia. La discusión llega, además, en un momento en que Brasil enfrenta otras tensiones diplomáticas simultáneas dentro del bloque regional, lo que añade complejidad al escenario.
Por ahora, el Gobierno paraguayo espera una respuesta formal de Brasilia sobre el pedido de restitución. Mientras tanto, el reclamo diplomático quedó documentado tanto por el Poder Ejecutivo como por el Legislativo paraguayo, en un gesto de unidad institucional poco frecuente frente a un mismo tema de política exterior. La evolución del caso será seguida de cerca por observadores de las relaciones entre los países del Mercosur, en un contexto donde la historia compartida sigue pesando sobre la agenda del presente.
Fuentes consultadas:

